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viernes, 21 de noviembre de 2014

El Castell de Guadalest (Alicante)

Guadalest es un pequeño municipio situado en el interior de la provincia de Alicante, una pequeña joya para descubrir con los peques. Es pueblo de montaña fundado por los árabes en un lugar remoto, bello y sobre todo estratégico, situado en un valle, rodeado por las sierras de Aitana, Xortà y Serrella.

Está a unos 60 km de Alicante y las dos maneras más sencillas de llegar son: bien por la carretera CV-70 en La Nucia o en Polop de la Marina y desde aquí  hasta nuestro destino; o bien por la carretera CV-755 en Altea la Vella, pasamos por Callosa d`En Sarrià y finalmente llegamos a El Castell de Guadalest.

Desde 1974, Guadalest ostenta el título de pueblo Histórico-Artístico.  Cuenta con dos castillos, el de San José, construida por los musulmanes, que ofrece unas vistas de postal; y el Castillo de la Alcozaiba, del cual solo queda una gran torre, desde donde se puede ver el embalse de Guadalest.

La Casa Orduña, una casa noble que tiene mobiliario y decoración propia del siglo XIX, es otro sitio de parada obligada.

Merece la pena pasear por el pueblo y disfrutar de las casas blancas, pegadas a la roca, callejuelas estrechas adoquinadas,  los miradores que dan al valle.

Guadalest, aunque es una población de pequeñas dimensiones, posee los museos más raros de la provincia dedicados a objetos como la tortura, microminiaturas, belenes, vehículos históricos, miniaturas y esculturas gigantes, casas de muñecas… e incluso un museo dedicado única y exclusivamente a saleros y pimenteros, más de 20.000 realizadas con todo tipo de materiales y diseños que van desde gallinas hasta astronautas. La entrada al museo de saleros y pimenteros son 3 euros para los adultos y 1 euro para los niños. Está abierto todo el año.

En el museo de las microminiaturas, con unas lupas potentes podemos ver la Estatua de la Libertad dentro del ojo de una aguja, la Maja Desnuda de Goya pintada en el ala de una mosca, un elefante modelado en los ojos de un mosquito, el Guernica de Picasso pintado en una semilla, una pulga vestida de torero, y muchas más cosas sorprendentes. Es un éxito asegurado con los niños. La entrada son 4 euros para los adultos y 3 euros para los niños. Está abierto todo el año.

Otra opción es acercarse al embalse que recoge las aguas del Guadalest. Allí hay una pequeña embarcación dotada de energía solar que ofrece excursiones alrededor del pantano.

Aunque el peso del turismo es notorio, bares, restaurantes, hostales, montones de tiendas de recuerdos, no se puede dejar de visitar uno de los rincones más bonitos de la provincia de Alicante.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Las cuevas de Canelobre

Con niños también se puede hacer algo de espeleología. A 24 km al norte de Alicante, en el pueblo de Busot encontramos las cuevas de Canelobre. Estas cuevas cuentan con una de las bóvedas más alta de España (70 metros de altura).

La entrada son 6 euros para adultos, niños entre 5 y 12 años, 2,5 euros y los menores de 5 años gratis. Las visitas son guiadas, y duran unos 45 minutos.

El nombre de las cuevas “Canelobre” viene de la mayor de las caprichosas figuras creada por el agua durante más de 100.000 años, un candelabro, canelobre en valenciano.

Según crónicas árabes encontradas, estas cuevas fueron descubiertas allá por el año 740 por los árabes que penetraron en su interior a través del único paso que había situado a la derecha, en un alto de difícil acceso.

Desde el s.XIX se realizan ya visitas a la cueva y las crónicas hablan de conjuntos de estalactitas y estalagmitas verdaderamente impresionantes, hoy muchos desaparecidos ya que la apertura del nuevo túnel de acceso con dinamita provocó la caída de algunos de ellos. Fue el ejercito republicano durante la Guerra Civil, quien hizo esta entrada para usar las cuevas como refugio y taller de reparación y montaje de motores del avión Polikarpov I-16 Tipo 5 y 6, conocido como “Mosca”.

En el interior de la cueva construyeron tres plataformas a distintos niveles, lo que da fe de la altura que tiene la cueva. Todavía pueden verse en algunas paredes los agujeros sobre los que se apoyaban las vigas donde reposaban las plataformas. Tras la contienda fueron destruidas hasta que en 1963 se construyeron las actuales y los accesos adecuados para las visitas turísticas.

Y, si queréis algo todavía más sorprendente, podéis acudir a algún concierto de los que a menudo se celebra en la cueva aprovechando sus condiciones acústicas y ambientales. El próximo será el 13 de diciembre (más información aquí)

¡Ah! y para los papis especialistas, también se puede realizar espeleología, pero eso ya no es una cuestión turística.

Más en información, en su página web.